
EL PENSAMIENTO ES LIBRE
En esta sección nos gustaría hablar de libros, de poesía, de cuentos, de literatura personal... en fin, recomendar autores, recibir textos y propuestas sencillas. Este txoko no tiene excesivas pretensiones, pero quizás podríamos entre tod@s crear un espacio compartido de ideas y sueños ... de pensamientos libres, en este momento de prohibiciones e ilegalizaciones.
De momento os recomendamos un par de autores, que nos parecen geniales, y añadimos un trocito de texto para que nos hagamos una idea.
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EL MÓVIL de Juan José Millás ( No os perdáis sus “articuentos”)
El tipo que desayunaba a mi lado, en el bar, olvidó un teléfono móvil debajo de la barra.
Corrí tras él, pero cuando alcancé la calle había desaparecido. Di un par de vueltas con el aparato en la mano por los alrededores y finalmente lo guarde en el bolsillo y me metí en el autobús.
A la altura de la calle Cartagena comenzó a sonar. Por mi gusto no lo habría descolgado, pero la gente me miraba, así lo saqué con naturalidad y atendí la llamada. Una voz de mujer, al otro lado preguntó ¿Dónde estás? En el autobús, dije. ¿En el autobús? ¿Y qué haces en el autobús? Voy a la oficina. La mujer se echó a llorar, como si dijera algo horrible y colgó. Guardé el aparato en el bolsillo de la chaqueta y perdí la mirada en el vacío. A la altura de María de Molina con Velázquez volvió a sonar. Era de nuevo la mujer. Aún lloraba. Seguirás en el autobús, dijo. Sí, respondí. Una mujer tosió a mi lado. ¿Con quién estás?, preguntó angustiada.
Con nadie. ¿Y esa tos? Es de una pasajera del autobús. Tras unos segundos añadió con voz firme: Me voy a suicidar: si no me das alguna esperanza me mato ahora mismo. Miré a mi alrededor, todo el mundo estaba pendiente de mí, así que no sabía qué hacer. “Te quiero”, dije, y colgué. Dos calles más allá sonó otra vez ¿Eres tú el imbécil que anda jugando con mi móvil?, preguntó una voz masculina. Sí, dije tragando saliva. ¿Me lo vas a devolver?. No.
Al poco, lo dejaron sin línea, pero yo lo llevo siempre en el bolsillo por si ella volviera a telefonear.
EL BESO de Julio Cortázar ( RAYUELA – capítulo 7 )
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio.
Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
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