sábado, 11 de abril de 2009

Europa necesita tan poco para ser feliz...


Hemos tomado prestada la idea al editor del semanario alemán «Die Zeit», Josef Joffe, quien escribía esta semana en »The New York Times» que «Obama se limita a no pedir demasiado a los europeos, y eso les hace muy felices». Barack y Michelle Obama han pasado ocho días en Europa, y su carisma ha vuelto a seducir a los mandatarios europeos. El presidente estadounidense ha utilizado las cumbres, las reuniones bilaterales y sus discursos como banco de pruebas de su estrategia internacional. Estas líneas son un relato comentado de esos días.

El periplo de los Obama por Europa -del Támesis al Bósforo- comenzó en la cumbre del G-20, y este primer desembarco se convirtió en un ensayo general de la «nueva» diplomacia de la Casa Blanca. Un ensayo que, de todas formas, no ha servido para esclarecer una de las grandes preguntas todavía sin respuesta tras ochenta días de mandato: ¿Existe lo que podría definirse como una Gran Estrategia Obama? Podríamos decir que no, aún no al menos, aunque sí es cierto que algunas de las líneas maestras de esa estrategia ya comienzan a vislumbrarse. Y lo que se ve -sin plasmación concreta todavía- sugiere que, más que un nuevo orden, lo que el equipo Obama plantea es restaurar el viejo; no en vano buena parte de su equipo proviene de la Administración Clinton.

La sensación de que aún no cuenta con una gran estrategia bien definida se vio confirmada en la cumbre del G-20, con un discurso en el que, aparentemente, buscaba transmitir que no tiene una gran estrategia para enfrentarse a la crisis económica global, muy en su línea de compartir con el resto del mundo el diagnóstico y actuar de forma conjunta. «Está emergiendo un nuevo orden mundial», declaró Gordon Brown tras la reunión, y muchos creyeron que, en realidad, era Obama quien hablaba a través del primer ministro británico.

La idea de que ni Obama ni nadie tenía en realidad una estrategia ambiciosa contra la crisis la reflejó el hecho de que la pomposa declaración final de la cumbre era más una salva, puro fuego de artificio, que otra cosa, puesto que la inyección de billones de dólares anunciada era una mera colección de viejas (la mayoría) y nuevas (unas pocas) partidas, muchas de ellas ya conocidas, aunque no implementadas.

Así que la verdadera importancia de la cumbre había que buscarla en otro lado, y ahí entran en juego las reuniones bilaterales y los gestos con Rusia, China, Brasil e India. Obama se esmeró en este apartado para confirmar ante el mundo buena parte del trabajo ya realizado en las semanas previas por Hillary Clinton y su maquinaria diplomática y de presión. Con Rusia ya en el ajo (Medvedev parecía realmente encantado, aunque con Vladimir Putin en la sombra nunca se sabe), Estados Unidos ha escenificado que China, India y Brasil cuentan, y mucho, en el «nuevo orden mundial». Obama parece especialmente empeñado en destacar la figura de Lula, y eso podría anunciar cambios a medio plazo hacia el sur del continente americano. Con China e India se trata, seguramente, de otro juego, de ahí que, frente a ambas potencias asiáticas, la Casa Blanca trate de crear una especie de frente común con la Unión Europea. Lo cierto es que China, sobre todo, reclama un nuevo rol en la escena mundial, y la cumbre de Londres y sus prolegómenos lo han dejado bien claro. Probablemente, nos encontramos en medio de una transición hacia otro marco de relaciones internacionales, lo que significa que estamos en medio de una guerra más o menos abierta y declarada.
Más información http://www.rebelion.org/noticia.php?id=83642

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Bisita Zenbatzailea